Tomando once un día, nos comenta que al entrar al patio, unas cosas peludas salieron corriendo en cuanto lo sintieron, unos tres más la madre. Mi mamá "pegó el grito en el cielo", creyendo que eran ratones, ya estaba pensando llamar a un exterminador, cuando mi papá la tranquilizó aclarándole que no eran ratas, sino gatos.
Nosotras, emocionadas a morir, fuimos directo para verificar tan hermosa noticia, queríamos saber cómo eran y si podíamos quedarnos con uno. Al llegar, pasó lo que nos esperábamos, se arrancaron corriendo y escondiéndose entre los cachureos de mi viejo, que son demasiados para poder esconderse y nunca más en la vida ser atrapados.
Lamentándonos por el hecho de no poder tomarlos ni acariciar sus pancitas, decidimos hacernos cargos igual. Partí a comprar comida para gatos; un paquete para madres que están en periodos de lactancia y otro paquete para cachorros de gato.
Alimentarlos no fue difícil, dejarles la comida ahí e irse era la única forma de que comieran, porque no hubo caso, ellos no querían nuestra presencia ni para mirarlos de lejos. Así que tomé una decisión, los iba a espiar por la última ventana de la casa. De esta forma los he podido ver comer, jugar y crecer. Ha pasado un mes y los enanitos ya están mostrando habilidades de gato; se suben al techo del cuarto de mi papá, trepan, corren y juegan. Los veo y sonrío, observar sus locuras me hacen ser un poco más feliz.
Ahora busco personas que quieran tener un gatito, no podría decir si son machos o hermbras, solo que son bellos y muy traviesos, y ah!, el más oscuro no esta disponible, es mío aunque él no me quiera. Lo llamé Chanfle aunque él no sepa.

